martes, 5 de febrero de 2013

Ecuador: No es hora de jugar

Por Jorge Capelán. TcS/RLP.
El 17 de febrero tendrá lugar la primera vuelta de las elecciones ecuatorianas, y de no mediar alguna improbable sorpresa, estaremos celebrando otra victoria de trascendental importancia para nuestros pueblos: Un triunfo para el presidente Rafael Correa por bastante más del 50% de los votos que además le asegure a Alianza PAIS una mayoría propia en la Asamblea Nacional y permita la profundización del proceso de Revolución Ciudadana.
Las encuestas serias coinciden en que este escenario es el más probable, con una victoria de Correa de más del 50% de los votos. Por ejemplo, la encuestadora Opinión Pública Ecuador le daba la semana pasada al actual presidente una intención de voto del 57%, muy lejos de su más cercano contendiente, el ex banquero Guillermo Lasso, con tan solo un 12% de intención de voto. La oposición parece muy dividida. A escasas tres semanas de los comicios había un 12% de indecisos. 6% de los votantes se inclinaban por el voto nulo; 5% por el ex golpista Lucio Gutiérrez; 4% por la coalición Coordinadora Plurinacional de Izquierda, liderada por el ex-ministro de Correa, Alberto Acosta; 2% declaraba sus simpatías por el neoliberal Álvaro Noboa y tres candidatos tenían menos de un punto: Norman Wray, Nelson Zabala y Mauricio Rodas.
No es seguro que, aunque Correa gane con esas cifras, su partido sacará el mismo porcentaje de votos para la Asamblea Nacional. No se han divulgado datos fiables sobre la intención de voto al parlamento. El propio Correa se muestra confiado en los sondeos internos de Alianza PAIS, aunque no los hace públicos.
En un caso similar al del sistema electoral de Nicaragua, Correa todavía puede ganar en primera vuelta, aún sin conseguir más del 50% de los votos, si gana con más del 40% y una diferencia no menor del 10% sobre su más cercano competidor. En este caso, Alianza PAIS no lograría una mayoría parlamentaria propia y se prolongarían los desgastantes debates y negociaciones en el parlamento – es decir, que uno de los constantes elementos de desestabilización y desgaste para las fuerzas que llevan adelante la Revolución Ciudadana.
Si Correa no gana en la primera vuelta, el pueblo ecuatoriano se enfrentará a una prueba de fuego en la segunda ronda, prevista para el 7 de abril: Deberá elegir entre Revolución y Contrarrevolución con un parlamento controlado por la derecha y fuerzas afines. Demás está decir que en esas condiciones se abriría un panorama de gran incertidumbre, incluso ganando Alianza PAIS, ya que las fuerzas de la oposición están lideradas por una derecha bancaria, dependiente del imperio y totalmente opuesta a la Constitución de Montecristi, aprobada con el más amplio consenso popular el 24 de julio de 2008.
Si algo está claro a estas alturas es que los movimientos que rompieron con Alianza PAIS por la izquierda van a un fracaso rotundo en los comicios. Esos grupos van nucleados en torno al candidato Alberto Acosta, por la ultraizquierda, así como al candidato Norman Wray, de orientación reformista.  La candidatura de Acosta se presenta dentro de la Coordinadora Plurinacional de Izquierda que nuclea al movimiento del candidato presidencial, Montecristi Vive, al partido indígena Pachakutik y al maoista MPD, entre otros. Un lastre serio para esta coalición es la presencia de grupos muy vinculados a la intentona golpista contra Correa en 2010 como Pachakutik y el MPD al lado de las fuerzas de la ultraderecha. Muchas veces estos grupos han utilizado métodos violentos de lucha que son rechazados por la mayoría de la población.
Como hemos argumentado extensamente en otros artículos, la dirigencia del movimiento indígena nucleado en torno a CONAIE/Pachakutik ha cometido serios errores a lo largo de su historia, uno de ellos el de haberse dejado utilizar por Lucio Gutiérrez, que en enero de 2003 dio un golpe de Estado “por la izquierda” para luego entregarse de lleno a aplicar la política que exigía Bush para Ecuador. Otro error ha sido el de no haber limpiado a tiempo el movimiento de dirigentes oportunistas, algunas veces financiados por la propia USAID y grupos de la élite de Estados Unidos. Otro error más, que les condujo a apoyar la intentona golpista contra Correa en 2010, fue el no entender que los indígenas en Ecuador son, a lo sumo, un 40 por ciento de la población y que necesitan hacer alianzas con otros sectores sociales en un país fuertemente urbanizado.
En esas condiciones el movimiento indígena y campesino se dividió, pero el presidente Correa también ha tenido problemas con sus propios aliados entre los indígenas a causa, por ejemplo, de la lentitud con que avanza la reforma agraria, que hasta el momento se ha concentrado en entregas de títulos de propiedad o de tierras baldías. Sin embargo, los esfuerzos en este campo han aumentado últimamente, y entre 2010 y 2012, 4.000 familias de 60 organizaciones campesinas recibieron 20.000 hectáreas de tierras, además de haberse legalizado alrededor de 4.000 hectáreas de territorios ancestrales a nivel nacional. El programa no sólo contempla la entrega y titulación de propiedades, sino también asistencia técnica y créditos de 15 años al 5% de interés. Según fuentes oficiales, la meta es seguir adjudicando la mayor cantidad de tierras posibles, legalizadas, y tratar de que la mayor cantidad de organizaciones campesinas se beneficien.
Los avances logrados por la Revolución Ciudadana en lo que respecta al combate a la pobreza son incontestables. En el 2006, antes de que Correa asumiera el poder, la pobreza afectaba a un 37.6% de la población. En junio de 2012, la cifra se ubicó en 25.3%.  La pobreza extrema bajó del 16.9% al 9.4% y el índice Gini de desigualdad bajó de 0.54 al 0.47. Según el Secretario Nacional de Planificación, Fander Falconí, estos resultados responden a la política pública activa basada en la generación de empleo, transferencias monetarias directas a los sectores más desprotegidos (por ejemplo, el Bono de Desarrollo Humano) y la inversión en salud y educación. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer. Recordemos que en 2010, Ecuador era el tercer país con mayor desigualdad en Latinoamérica, después de Bolivia y Haití, según el Informe Regional sobre Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe de la ONU.
En estas condiciones, es de suma necesidad para un país como Ecuador seguir exportando y, “desgraciadamente”, eso incluye los recursos naturales como el petróleo. Ponemos desgraciadamente entre comillas porque el aumentar los ingresos del país es una necesidad para sentar las bases que permitan un modelo de desarrollo autónomo. Al cambiar las reglas para los acuerdos petroleros con las multinacionales, Ecuador aumentó dramáticamente sus ingresos por la exportación de crudo, lo que es una precondición para tener los recursos que le permitan al país liberarse del “extractivismo”. Algo similar es aplicable a la minería de cielo abierto, al turismo, etcétera. La contradicción entre necesarias adaptaciones al sistema capitalista imperante a nivel mundial y las ambiciones anticapitalistas no tienen por qué ser antagónicas.
No es casualidad que el principal candidato de oposición a Correa sea un hombre de la banca como Guillermo Lasso. Los demás candidatos de la derecha, denominados “populistas”, están reducidos a grupos familiares y clientelares sin mayor peso específico. Otros candidatos, representan al sector de las ONGs. Lo que algunos denominan la “verdadera izquierda”, el  Coordinadora Plurinacional de Izquierda, está desgarrada por orígenes muy diversos y contradictorios. Tras todos esos grupos, la mano de los EE.UU, las ONGs europeas y el aparato mediático busca por todos los medios obstruir el desarrollo de la Revolución Ciudadana, aunque sin lograr amasar suficiente fuerza política real. Es tal la debilidad política de la derecha local y del imperio, que el recurso a un atentado contra la vida de Correa es un elemento que seguirá flotando como una posibilidad real por mucho tiempo, durante las elecciones y después de ellas. Esto, demás está decirlo, traería gravísimas consecuencias para el proceso de cambios en el país, al menos mientras Correa no logre consolidar su relevo.
Como se puede observar, hay mucho de importancia en juego en las próximas elecciones ecuatorianas. Se trata de garantizar el exitoso desarrollo de la Revolución Ciudadana para no caer en un experimento político de consecuencias imprevisibles para el Ecuador y para los pueblos de Nuestra América. No juguemos con el ALBA. Un Ecuador desestabilizado es una perspectiva que nadie en su sano juicio puede desear.
Ciertos intelectuales, como el uruguayo Raúl Zibechi y el belga Francois Houtart,  hacen un análisis del proceso ecuatoriano, y de muchos de los procesos que actualmente tienen lugar en Nuestra América, que obvia algunas realidades políticas fundamentales. Más o menos explícitamente y con mayor o menor énfasis, critican las limitaciones de muchos de los procesos en marcha, tarea en la que a menudo tienen éxito, por ejemplo, al señalar la distancia que separa lo que se debería hacer de lo que en realidad se hace, aunque a veces hagan caso omiso de aquello que es realmente posible lograr en determinadas circunstancias históricas concretas.
Houtart, en un análisis sobre Ecuador[1], especula sobre si la decisión de CONAIE/Pachakutik de ir como movimiento político a unas elecciones perdidas de antemano fue sabia o no. Creo que Houtart sobrevalora a ese movimiento, que en el pasado ha cometido errores tan graves como los que hemos enumerado más arriba. Al mismo tiempo, Houtart le resta valor al compromiso de Correa con el Buen Vivir y el socialismo, como si no se pudiese debatir sobre esas cuestiones al interior de Alianza PAIS y de los movimientos que la apoyan. Según cierta propaganda, la mayoría de los campesinos e indígenas que apoyan al gobierno de Correa y que no apoya a CONAIE/Pachakutik  estaría “comprada” por las “prebendas” gubernamentales. Eso, hablando de un pueblo que ha redactado una de las constituciones más participativas de la historia, y que ha batido récords de botar presidentes neoliberales, es un insulto que se parece mucho a los que oímos en Nicaragua desde sectores como el MRS. Con esta crítica no le estamos restando valor a los temores que expresa Houtart acerca de los peligros del “desarrollismo”, sino a la valoración política que hace de los movimientos ecuatorianos.
Zibechi va mucho más lejos que Houtart, y predice conflictos entre los “movimientos sociales” y los “gobiernos progresistas” de nuestra región que se dirimirán “en espacios manchados de sangre y barro" [2]. Con eso Zibechi ignora cuál es el principal enemigo de las mayorías empobrecidas de nuestra América e ignora también que ese enemigo ya quisiera tener sobre una bandeja de plata las cabezas de todos los presidentes “progresistas”.
Ambos intelectuales omiten una categoría central del análisis: Hablan mucho de la contradicción entre gobiernos y movimientos sociales, pero casi nunca hacen referencia al partido. Porque no es en última instancia el Estado el que define una estrategia de desarrollo, sino el Partido, el instrumento político de las clases populares encargado de establecer las prioridades y las estrategias. Si no se le presta importancia a la categoría del partido, entonces es fácil experimentar con instrumentos políticos “alternativos”, que al fin de cuentas, generalmente terminan siendo carne de cañón de intereses que no tienen nada que ver con el Buen Vivir, el anticapitalismo ni la Pacha Mama.
Pero además de restar importancia al problema del partido, también restan importancia al problema de la hegemonía, al de la conciencia, al de los consensos sociales y al de las alianzas. Porque un 4% de la población no puede obligar al restante 96% a dejar de beber Coca-Cola, a no desear el último modelo de televisión de plasma o a ver telenovelas, para eso se necesitan mayorías políticas que hagan sus propias experiencias. No podemos idealizar las grandes revueltas de nuestros pueblos contra el neoliberalismo y creer que los mismos pueblos que se han estado levantando desde los años 90 no han estado permeados por los valores capitalistas. Es un proceso que no puede ser instantáneo, necesariamente debe tomar muchos años. En ese sentido, los procesos de construcción de ciudadanía que se están llevando a cabo en países como Ecuador, también son una parte integrante de la construcción del Buen Vivir, del socialismo y de una manera de vivir en armonía con la Madre Tierra. Los métodos de lucha de los sectores populares no pueden ser los mismos a la hora de dirimir contradicciones bajo un gobierno de orientación popular que bajo un gobierno oligárquico.
¿Que el cambio climático no espera? ¿Que las múltiples crisis del capitalismo no esperan? ¿Que las demandas del hambre de 500 años no esperan? Precisamente por eso, porque tenemos mucha urgencia y el deber de no fallar, en este momento tenemos que actuar metódicamente, paso a paso, pegados a la realidad para efectivamente ir desmontando el neoliberalismo.
Es un grave maniqueísmo el querer establecer una línea divisoria entre unos  que proponen realizar una "revolución desde abajo" y otros que supuestamente la quieren realizar "desde arriba". Desde abajo, por arriba, de costado, a largo plazo, a corto plazo, a mediano plazo: Hay que hacerlo a todos los nivles. Precisamente, porque el capitalismo no se va a caer por sí mismo, sino que debe ser construido conscientemente por los sujetos sociales, las exigencias de una comprensión política general del momento histórico y su desarrollo aumentan al pasar de la etapa de la denuncia y la protesta a la etapa de la construcción.
Por todo eso, no caigamos en la tentación del “experimento” y deseemos el más rotundo triunfo al presidente Rafael Correa y a Alianza PAIS en las elecciones del 17 de febrero.
Notas:
1) Las fuerzas sociales y políticas en Ecuador en las vísperas de las elecciones de 2013, Francois Houtart, Alainet.org
2) Las izquierdas y el fin del capitalismo, Raúl Zibechi, La Jornada, 13 de enero de 2012.

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