miércoles, 16 de mayo de 2012

No es un asesinato más

Por Jorge Capelán, RLP/TcS.

El martes por la noche fue encontrado muerto el jefe de redacción de la radio HRN de Honduras, Alfredo Villatoro, con dos disparos en la cabeza y extrañamente vistiendo un uniforme modelo Cobra de la policía. Los Comandos Cobra de la policía militarizada hondureña, entrenados para matar, son odiados por los activistas de la Resistencia y por la población en general.


El régimen de terror que le ha costado la vida a 25 periodistas desde que fue instalado el actual presidente Porfirio Lobo, y que le ha costado la vida a casi 20 hondureños al día, debe verse a la luz de que el Pentágono y poderosos intereses de la oligarquía local intentan crear un clima que dé la impresión de que los carteles del narcotráfico están a punto de tomar el país y que el pueblo hondureño necesita un "poderoso aliado" que, por supuesto, se encuentra al norte del Río Grande.

Honduras, catalogado como el primer lugar en homicidios del mundo por Naciones Unidas, registra un muerto cada 74 minutos. Según el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh), "en 23 meses de gestión del gobierno que preside Porfirio Lobo (27 enero 2010/2011) se registró la muerte violenta de 12.838 personas, es decir, un promedio de 558,17 mensuales ó 19 víctimas diarias".

Sin embargo, se trata de una violencia con una dimensión marcadamente política. Sectores ligados a la Resistencia o críticos reales o potenciales del poder son especialmente afectados por la misma: Periodistas, campesinos, maestros y pobladores organizados, muchos de ellos jóvenes. Numerosos dirigentes y activistas del Frente Nacional de Resistencia Popular, FNRP y de su brazo político, LIBRE, atestiguan recibir regularmente amenazas de asesinatos por llamadas anónimas y mensajes a sus teléfonos celulares.

El terror ha aumentado a medida que LIBRE ha ido poniéndose a la cabeza de las encuestas de opinión y a medida que el pueblo hondureño le da la espalda a los partidos tradicionales.

Durante las dos últimas semanas han sido asesinados cuatro miembros de la Resistencia, de los cuales dos eran candidatos para las próximas elecciones de noviembre de 2013 y pertenecían al ala revolucionaria de LIBRE y del FNRP.

Pero entre más "asistencia" de la USAID, la DEA, el FBI, o fuerzas especiales del ejército colombiano se inyectan, más sangre es derramada y más avionetas Cessna cargadas con cocaína desde Colombia aterrizan en las propiedades de los grandes terratenientes del vecino país.

Los Estados Unidos reanudaron su "ayuda" militar al las Fuerzas Armadas de Honduras a raíz de de que Lobo asumió la presidencia el 27 de enero de 2010. Desde junio de 2009, el general Douglas Fraser, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, visitó al menos tres veces el país.

Por su parte, el expresidente paramilitar colombiano Álvaro Uribe firmó un acuerdo de cooperación e intercambio en la "lucha en contra el narcotráfico y el terrorismo" solo tres días después de que Lobo asumiese la presidencia.

En Honduras operan comandos de GAULA, unidades de fuerzas especiales del ejercito colombiano, cada semana viajan diferentes delegaciones del estado hondureño como policías, militares, alcaldes, ministros, etcétera, para "capacitarse" en Bogotá.

La relación entre sectores de la oligarquía hondureña y el narcotráfico es de larga data, desde las redes montadas por los Estados Unidos para financiar la guerra contra Nicaragua en los 80s. Más recientemente, WikiLeaks reveló un cable diplomático que prueba que el gobierno estadounidense ya en 2003 tenía conocimiento de que el terrateniente Miguel Facussé permitió la utilización de una de sus propiedades en el departamento de Colón para el trasiego de drogas pero EE.UU. nunca hizo nada al respecto.

Otro ejemplo de esta simbiosis entre la oligarquía narcotraficante colombiana y la hondureña es el del precandidato liberal a la presidencia, Mauricio Villeda, que en los medios hondureños propala la absurda desinformación de que serían las FARC las responsables de la violencia política en Honduras.

Esto lo hace citando como fuente documentos de la viciada laptop del comandante guerrillero Raúl Reyes, muerto en un ataque del ejército colombiano en suelo ecuatoriano el 1 de marzo de 2008.

Esos documentos, que la misma Corte Suprema de Justicia de Colombia invalidó en su momento por la manera irregular en que el aparato fue tratado por el ejército colombiano, fueron entregados a Villeda por el propio Uribe a partir de una copia ilegalmente obtenida por el ex mandatario de manos de ex agentes de la inteligencia militar británica.

Villeda es integrante del grupo más fascista del país, miembro de la cúpula del partido liberal y líder de Opus Dei. Asimismo, fue un destacado líder de la banda fascista de las "Camisetas Blancas" que preparó el terreno en los medios hondureños un año antes el golpe de estado.

A esos medios hondureños, Villeda explica que existe una conspiración de los partidos del Foro de Sao Paulo para destruir la democracia en América Latina y en particular en Honduras - exactamente la misma especie que Uribe y la red terrorista Unoamérica se encargan de difundir desde hace años.

Unoamérica, que estuvo vinculada al golpe de estado contra Manuel Zelaya de junio de 2009, también impulsó una fracasada invasión a Venezuela denominada Operación Daktari hace 8 años, cuando el Gobierno Bolivariano capturó a más de 100 paramilitares en una finca propiedad del ciudadano Robert Alonzo, hermano de la actriz venezolana María Conchita Alonzo. Según las investigaciones del periodista venezolano José Vicente Rangel, el personaje central de esa operación fue el propio Álvaro Uribe Vélez.

Unoamérica fue una de las primeras organizaciones en reconocer al golpista Roberto Micheletti el 29 de junio de 2008, y figuras de la más extrema derecha venezolana regularmente han visitado Honduras  para respaldar políticamente a los sectores golpistas.

En la década de los 80s, para apalancar a las fuerzas contrarrevolucionarias de la región, los Estados Unidos convirtieron a Honduras en un campo de concentración bajo la dirección estratégica de su entonces embajador en Tegucigalpa John Dimitri Negroponte. Al mismo tiempo, sentaron las bases del neoliberalismo y de las redes del narcotráfico que le permitieron financiar esa guerra.

Sin embargo, no pudieron eliminar las consecuencias de la crisis del modelo que implementaron ni impedir la emergencia a largo plazo del pueblo hondureño, lo que condujo, primero, a la elección del gobierno independiente del Presidente Juan Manuel Zelaya y luego al la resistencia masiva al golpe de estado que lo derrocó.

Con el golpe de estado contra Zelaya el genio del pueblo hondureño se salió de la botella para no regresar a ella.

Ahora, para tratar de someter al genio y para amenazar a los demás pueblos de la región intentan ahogar en sangre a su instrumento político y convertir a Honduras en un "estado fallido" para pedir la "asistencia" de las tropas del imperio.

Es hora de que los países del ALBA den la voz de alarma ante esta preocupante situación.

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